12 enero 2010

Confianza ciega

Me acaban de llegar un par de avisos de que están corriendo por ahí emails pidiendo datos de las cuentas de facebook, supongo que es el típico que te pide que confirmes los datos de tu cuenta, vamos el clásico phishing. Esto me ha hecho pensar en lo confiada que es la gente a la hora de facilitar sus datos personales. Recuerdo que cuando trabajaba para el BBVA, los clientes llamaban y muchos de entrada saludaban así, Hola me llamo fulanito, mi usuario es tal y mi contraseña es taltaltal... estos aún se podían salvar porque al fin y al cabo eran ellos los que estaban llamando, pero más de un vez siendo yo la que llamaba al cliente daban la contraseña con la misma alegría.

Niños, nunca, nunca, nunca tenéis que dar vuestros datos personales (sobretodo contraseñas), ningún banco ni sitio serio te pedirá que entres en una web y que pongas tus datos, ninguno.
Bueno, que me voy por las ramas, lo que yo venía a contaros al fin y al cabo es un Anecdotrón, esto del phishing me ha hecho recordar la bonita manera que tuvo mi padre de enseñarme que no hay que confiar ciegamente en nadie.


Anecdotrón ON

No recuerdo la edad que tendría, pero debía ser bastante pequeña.
Estaba subida en el mostrador de la tienda mientras mi madre me cogía el bajo de unos pantalones y cuando terminó, mi padre que estaba allí me dijo: ¡Salta que yo te cojo!
Yo dudaba porque la altura era considerable para mi y siempre he sido bastante cobardica para estas cosas, pero mi padre insitio, ¡Salta, venga, salta que yo te cojo!
Así que yo, que tenia confianza ciega en mi padre, me armé de valor y salté esperando aterrizar en los amorosos brazos de mi padre.
Mi padre dio un paso atrás mientras yo saltaba y me pegue un buen batacazo.
Cuando llorando le recriminé que no me había cogido, su respuesta fue: Esto para que no te fies ni de tu padre.
Fue una dura lección, pero la aprendí bien.

Anecdotron OFF

Así que ya lo sabéis niños míos, no os fiéis ni de vuestro padre (por lo menos en temas informáticos)